La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa lejana para convertirse en una nueva variable de competitividad. Las empresas españolas la utilizan ya para redactar y analizar documentos, automatizar tareas, revisar código, atender consultas, interpretar datos, prever la demanda o facilitar decisiones. El siguiente salto consiste en conectarla con la información y los procesos reales de cada negocio.
El Día Internacional de la Inteligencia Artificial encuentra a La Rioja en una posición particular. La comunidad tiene una larga trayectoria tecnológica, una economía muy vinculada a la industria y al sector agroalimentario y un ecosistema empresarial en el que la cercanía puede acelerar la transferencia de conocimiento. Al mismo tiempo, la mayor parte de sus empresas dispone de menos recursos, personal y capacidad de experimentación que las grandes corporaciones nacionales.
Esta estructura convierte la llegada de la IA en un desafío diferente al de Madrid, Cataluña o País Vasco. La Rioja no compite por volumen de grandes corporaciones ni por concentrar las principales infraestructuras digitales. Su oportunidad está en aplicar la tecnología a problemas muy concretos de sus pymes, su industria, su agricultura, su comercio y sus servicios.
La adopción crece en España, pero lo hace a distintas velocidades
El 21,1% de las empresas españolas de diez o más trabajadores utilizaba alguna tecnología de inteligencia artificial en el primer trimestre de 2025. Un año antes el porcentaje era del 12,4%, lo que supone un crecimiento de 8,7 puntos en solo doce meses. El avance demuestra que la IA está pasando rápidamente de la experimentación a la operativa empresarial.
Sin embargo, la media nacional esconde diferencias territoriales, sectoriales y empresariales. Las comunidades con mayor intensidad general en el uso de tecnologías digitales son Madrid, Cataluña y País Vasco. También existe una brecha clara por tamaño: las compañías con más recursos, equipos tecnológicos propios y datos estructurados avanzan más deprisa que las pequeñas organizaciones.
En el primer trimestre de 2024, último ejercicio para el que la comparación territorial completa puede consultarse directamente en la serie anterior del INE, el 7,79% de las empresas riojanas de diez o más empleados declaraba utilizar IA, frente al 12,38% nacional. Madrid alcanzaba entonces el 17,76%, Cataluña el 15,25% y País Vasco el 12,68%.
Ese dato refleja el punto de partida, pero debe interpretarse con cautela ante la velocidad del cambio. Otros análisis más amplios, que no miden únicamente el porcentaje de compañías usuarias, han situado posteriormente a La Rioja entre las comunidades mejor posicionadas en implantación de IA, teniendo en cuenta también factores como las capacidades tecnológicas, la digitalización y el entorno regional. En abril de 2025, un ranking difundido por la Agencia EFE situó a la comunidad en tercera posición nacional.
Ambas fotografías pueden convivir. La Rioja dispone de capacidades y de un ecosistema favorable, pero todavía necesita extender la adopción efectiva desde las empresas tecnológicas y más avanzadas hacia el conjunto del tejido productivo.
El tamaño empresarial será el principal condicionante
La carrera de la inteligencia artificial puede aumentar la distancia entre grandes y pequeñas empresas. Una gran compañía puede crear un equipo interno, experimentar con varias herramientas, asumir proyectos fallidos y dedicar recursos específicos a seguridad, datos y formación. Una pyme riojana necesita resultados visibles en menos tiempo y tiene menos margen para equivocarse.
Por eso, el modelo de adopción no puede consistir en replicar el de las multinacionales a menor escala. La oportunidad para La Rioja está en seleccionar procesos concretos donde el retorno sea comprensible: reducir el tiempo dedicado a preparar presupuestos, localizar documentación, gestionar pedidos, analizar ventas, atender consultas o generar informes.
Omar Martínez, CTO de SDi, considera que la IA ya está modificando la forma de buscar información, analizar problemas, programar, documentar y plantear soluciones. En las empresas que la integran correctamente, el resultado debería apreciarse en dos indicadores: una mejor gestión del dato y un aumento de la productividad. Si no reduce tiempos, automatiza trabajo repetitivo o mejora la capacidad de análisis, la implantación difícilmente puede considerarse transformadora.
La ventaja de la pyme riojana es que suele conocer muy bien su proceso y mantiene una relación cercana entre dirección, empleados y clientes. La desventaja es que una parte importante de su operativa todavía puede depender de hojas de cálculo, correos, documentos dispersos o conocimiento que solo poseen determinadas personas.
La IA no corrige automáticamente ese desorden. Puede incluso reproducirlo o acelerarlo. “Si automatizas un proceso mal diseñado, lo único que consigues es que el error viaje más rápido”, advierte Alfredo Villanova, director de Negocio de SDi. Antes de implantar un agente o una automatización avanzada, las empresas necesitan revisar qué problema quieren solucionar, dónde pierden tiempo y qué información necesitan para decidir.
Agroalimentación e industria: los dos grandes terrenos de aplicación
El impacto de la inteligencia artificial en La Rioja dependerá especialmente de su capacidad para entrar en la economía real. La región cuenta con una fuerte especialización agroalimentaria, bodeguera e industrial, sectores en los que la tecnología puede producir mejoras concretas sin necesidad de desarrollar grandes modelos propios.
En agricultura, la IA puede ayudar a consultar normativa, verificar productos autorizados, detectar cambios en fichas técnicas, ordenar registros de campo y preparar información para demostrar la trazabilidad. También puede facilitar la previsión de necesidades, el análisis de datos históricos o la identificación de incidencias.
Son aplicaciones especialmente relevantes en una actividad donde una decisión desactualizada puede tener consecuencias económicas y regulatorias. Una herramienta generalista puede generar una respuesta convincente, pero trabajar con información antigua o poco precisa. Por eso, el valor no está únicamente en emplear inteligencia artificial, sino en conectarla con fuentes oficiales, especializadas y actualizadas.
Carlos Pardo, responsable de Tecfito, la plataforma de digitalización agrícola desarrollada por SDi, señala que el sector necesita validar información “rápido y con seguridad en mitad de una campaña”. La IA resulta útil cuando reduce el tiempo de búsqueda y permite dedicar más recursos a la interpretación técnica, pero no cuando sustituye una fuente fiable por una respuesta aparentemente correcta.
La misma lógica puede trasladarse a la industria riojana. El análisis de desviaciones, la planificación de la producción, el mantenimiento, el control de calidad, la gestión documental o la previsión de demanda son ámbitos con recorrido. El reto consiste en conectar la IA con el ERP, los sistemas productivos y los datos de la empresa.
Un agente aislado puede responder preguntas. Uno integrado puede consultar existencias, recuperar un pedido, revisar una incidencia o preparar información para el equipo. Esa diferencia también explica el coste: la inversión no depende solo de la licencia, sino del análisis previo, la preparación de los datos, las integraciones, los permisos, las pruebas, la formación y el mantenimiento.
La exportación puede acelerar la necesidad de adoptar IA
La economía riojana también tiene una elevada orientación exterior, especialmente en sectores como el vino, el calzado, la alimentación y determinados segmentos industriales. Las pymes exportadoras de la región destinan cerca del 28% de su facturación a mercados internacionales y operan, de media, en más de diez países, según un estudio realizado sobre 133 compañías riojanas.
Este perfil aumenta la utilidad potencial de la IA. Las empresas que trabajan en distintos mercados deben gestionar documentación, idiomas, normativas, información comercial, distribuidores y clientes internacionales. La tecnología puede acelerar la traducción y clasificación de documentos, analizar oportunidades comerciales, resumir requisitos o ayudar a preparar propuestas.
Sin embargo, la internacionalización también exige más control. Una respuesta incorrecta, una traducción imprecisa o el tratamiento inadecuado de información confidencial puede generar un riesgo mayor cuando afecta a contratos, precios o cumplimiento normativo.
La IA puede reforzar la capacidad internacional de las pymes riojanas, pero requiere supervisión humana y sistemas especializados. Cuanto más relevante sea la decisión, menos razonable resulta confiar exclusivamente en una respuesta automática.
El gran cuello de botella será el talento
El avance de la IA suele explicarse como una cuestión tecnológica, aunque buena parte de su resultado dependerá de la capacidad de los trabajadores para incorporarla a sus tareas.
A escala nacional, el 78% de los trabajadores considera que su empresa debería facilitarle herramientas y formación para trabajar con las tecnologías digitales más recientes, incluida la inteligencia artificial. El porcentaje refleja que el problema no es únicamente la resistencia al cambio, sino la falta de acompañamiento.
En La Rioja, donde el acceso a determinados perfiles tecnológicos es más limitado que en los grandes polos urbanos, formar a las plantillas existentes será tan importante como atraer especialistas. La adopción no puede quedar restringida al departamento informático. Administración, ventas, producción, Recursos Humanos, marketing y dirección necesitan comprender qué puede aportar la IA a sus tareas y cuáles son sus límites.
María Díez, directora de Recursos Humanos de SDi, resume esta transformación con una advertencia: “La IA no te va a sustituir, pero alguien que sepa usarla, sí”. Su análisis apunta a una corresponsabilidad: la empresa debe implantar las herramientas de forma segura y proporcionar formación, mientras que el trabajador necesita desarrollar criterio y mantener una actitud activa de aprendizaje.
Una formación genérica sobre cómo escribir instrucciones resulta insuficiente. Un comercial, un técnico agrícola, un administrativo y un responsable de personas necesitan casos de uso diferentes. También deben saber qué información nunca deberían introducir en una plataforma externa y cómo revisar el resultado antes de utilizarlo.
La seguridad avanza al mismo ritmo que las oportunidades
La adopción informal de IA ya está ocurriendo dentro de muchas empresas, incluso cuando la dirección todavía no ha aprobado una estrategia. Los empleados utilizan cuentas personales para resumir documentos, analizar datos o redactar propuestas. Esta práctica puede mejorar su productividad individual, pero también sacar información corporativa fuera del control de la organización.
Sergio Herce, experto en inteligencia artificial y ciberseguridad de SDi, advierte de que subir documentos financieros, bases de datos de clientes o información estratégica a herramientas no autorizadas provoca una pérdida de la gobernanza del dato. También son peligrosas las cuentas compartidas y las conexiones de asistentes con ERP o bases de datos sin permisos diferenciados.
La amenaza crece con los agentes capaces de actuar. Un asistente responde a una pregunta; un agente puede descargar documentos, acceder a aplicaciones, modificar datos o realizar una operación. Esa capacidad obliga a tratarlo como una identidad corporativa, con credenciales propias, permisos limitados y actividad registrada.
Para las pymes riojanas, la respuesta más realista comienza por controles básicos: herramientas corporativas aprobadas, formación, autenticación multifactor, copias de seguridad verificadas, permisos mínimos y supervisión humana en las acciones sensibles.
Una Administración que también prepara su estrategia
La transformación no afecta solo a las empresas. El Gobierno de La Rioja trabaja en una estrategia regional de inteligencia artificial orientada a modernizar y personalizar los servicios públicos, fomentar un uso responsable y ayudar a las pymes a aplicar casos reales. La comunidad quiere apoyarse en el conocimiento de su sector tecnológico para extender soluciones a la Administración y al tejido productivo.
La región ya ha impulsado iniciativas para acercar la IA a las pequeñas empresas, entre ellas encuentros de divulgación, programas formativos y el primer Foro de Inteligencia Artificial para Pymes, celebrado en 2025 con participación del Gobierno regional y la Federación de Empresas de La Rioja. El foco de estas iniciativas se ha situado en la formación continua, la experimentación práctica y la transformación de casos de uso en ventajas competitivas.
El siguiente paso será medir el resultado. Celebrar jornadas o facilitar el acceso a herramientas puede aumentar el interés, pero el impacto regional dependerá de cuántas empresas consigan mejorar un proceso, reducir costes, aumentar el margen o tomar decisiones con mejor información.
La Rioja dispone de una oportunidad, pero la ventana no será indefinida
La inteligencia artificial puede reducir algunas de las desventajas asociadas al tamaño y a la localización. Una pyme riojana puede acceder hoy a capacidades de análisis, automatización o generación de contenidos que hace pocos años estaban reservadas a grandes compañías.
También puede ocurrir lo contrario. Si las empresas de mayor tamaño avanzan más deprisa y conectan la IA con todos sus procesos, la brecha de productividad puede crecer. Marcos García, CEO de SDi, considera que esta es la primera revolución digital capaz de intervenir prácticamente en todos los puestos de una organización, desde las funciones operativas hasta la dirección.
La posición de La Rioja dependerá menos del número de herramientas contratadas que de su capacidad para convertirlas en resultados. La región cuenta con un sector tecnológico experimentado, una economía industrial y agroalimentaria donde existen casos de uso claros y una dimensión que facilita la colaboración entre empresas, centros de conocimiento y Administración.
Sus principales obstáculos también están identificados: el pequeño tamaño de muchas compañías, los datos desordenados, la falta de tiempo para experimentar, la escasez de formación especializada y los riesgos de seguridad.
El diagnóstico deja una conclusión clara. La Rioja no parte desde cero y dispone de condiciones para competir, pero todavía debe trasladar sus capacidades tecnológicas al grueso de sus pymes. La verdadera medida del avance no será cuántas empresas afirmen utilizar inteligencia artificial, sino cuántas consigan trabajar mejor, decidir antes, reducir errores y proteger sus datos gracias a ella.


























