¿Qué vio vuestra familia en 1986 que otros todavía no estaban viendo?
Probablemente no vimos el futuro de la tecnología tal y como lo conocemos hoy. Lo que sí vimos fue que las empresas iban a necesitar cada vez más herramientas para gestionar mejor su información y tomar decisiones más rápidas. En aquella época la informática todavía estaba dando sus primeros pasos en muchas organizaciones, pero ya era evidente que quien fuera capaz de organizar mejor sus datos y procesos tendría una ventaja competitiva enorme.
Casi cuarenta años después, la tecnología ha cambiado radicalmente, pero esa necesidad sigue siendo exactamente la misma.
Después de casi 40 años, ¿cuál dirías que ha sido la decisión más importante para seguir siendo competitivos?
Pensar siempre a largo plazo. Muchas empresas tecnológicas nacen para venderse. Nosotros nacimos para permanecer. Eso cambia completamente la forma de tomar decisiones. Te obliga a priorizar la confianza sobre el corto plazo, la reputación sobre el crecimiento rápido y las relaciones duraderas sobre las oportunidades pasajeras. Cuando piensas en décadas en lugar de en trimestres, las decisiones suelen ser diferentes.
¿En qué momento SDi dejó de ser una empresa informática para convertirse en una compañía tecnológica con una visión más amplia de negocio?
Cuando entendimos que nuestros clientes no compraban tecnología. Compraban tiempo. Compraban tranquilidad. Compraban capacidad para tomar mejores decisiones.
Ese fue un cambio importante. Dejamos de pensar en software, servidores o infraestructuras como productos aislados y empezamos a entender que nuestro trabajo consistía en ayudar a las empresas a ser más eficientes y competitivas. La tecnología pasó de ser el fin a ser el medio.
¿Qué ventajas reales tiene una empresa familiar en un sector tan competitivo como el tecnológico?
La principal ventaja es la capacidad de pensar a largo plazo. No estamos tomando decisiones para el próximo trimestre. Estamos construyendo una empresa para las próximas décadas. Eso genera una cultura diferente, una relación distinta con los clientes y una forma de invertir mucho más consistente. Además, las empresas familiares suelen tener algo muy valioso: identidad. En un sector donde muchas compañías cambian constantemente de propietarios o estrategia, mantener una visión clara durante años es una ventaja competitiva.
Habéis crecido desde La Rioja, lejos de los grandes polos tecnológicos. ¿Cómo se consigue atraer talento y competir desde aquí?
Lo primero es dejar de verlo como una limitación. Durante mucho tiempo parecía que para hacer tecnología había que estar en Madrid, Barcelona o Silicon Valley. Nosotros hemos demostrado que se puede construir una compañía tecnológica competitiva desde cualquier lugar si tienes proyecto, cultura y ambición. Además, La Rioja ofrece algo que cada vez valora más el talento: calidad de vida, estabilidad y cercanía. Nuestro reto nunca ha sido atraer personas por ubicación. Ha sido atraerlas por propósito y por proyecto.
¿Ha habido momentos en los que habéis tenido que romper con vuestra propia forma de hacer las cosas?
Muchísimas veces. Si algo hemos aprendido en cuarenta años es que la experiencia puede ser una ventaja o una trampa. Cada gran revolución tecnológica nos ha obligado a cuestionar cosas que parecían funcionar perfectamente. Ocurrió con Internet, ocurrió con el cloud y está ocurriendo ahora con la inteligencia artificial. Las empresas que sobreviven no son las que más saben. Son las que más rápido aprenden.
Hoy muchas compañías se especializan en una sola área. ¿Por qué SDi ha apostado por una propuesta integral?
Porque los problemas de las empresas no vienen separados por departamentos tecnológicos. Ningún director general se levanta por la mañana pensando que tiene un problema de ERP, de ciberseguridad o de inteligencia artificial. Tiene un problema de negocio. Nuestra visión siempre ha sido ayudar a resolver ese problema de forma global, conectando procesos, personas, datos y tecnología.
¿Qué exige mantener una oferta tan amplia sin caer en la dispersión?
Tener muy claro qué haces y qué no haces. La amplitud no puede confundirse con la dispersión. Nuestro objetivo no es ofrecer de todo. Nuestro objetivo es acompañar al cliente en todas aquellas áreas tecnológicas que tienen impacto directo en su competitividad. La clave está en la especialización de los equipos y en una visión común de negocio.
¿Cómo conseguís que el cliente perciba esa amplitud como una ventaja?
Porque simplifica su vida. Las empresas están cansadas de coordinar múltiples proveedores que no hablan entre sí. Cuando eres capaz de conectar estrategia, software, infraestructura, ciberseguridad, datos e inteligencia artificial bajo una misma visión, el cliente gana algo muy valioso: tiempo. Y el tiempo es probablemente el recurso más escaso que existe hoy en una empresa.
¿Dónde está hoy la verdadera ventaja competitiva de una compañía como SDi?
La tecnología ya no es suficiente. Las herramientas son cada vez más accesibles para todos. La verdadera diferencia está en entender el negocio del cliente y saber conectar todas las piezas para generar resultados. La tecnología se democratiza. El conocimiento profundo del negocio sigue siendo escaso.
Hay una idea muy presente en vuestro discurso: regalar tiempo a las empresas. ¿Cómo se traduce eso en el día a día?
Cada proyecto que abordamos parte de una pregunta muy sencilla: ¿Esto va a ayudar a las personas a dedicar menos tiempo a tareas de poco valor y más tiempo a tomar decisiones? Si la respuesta es sí, vamos por buen camino. La tecnología tiene sentido cuando elimina fricción, automatiza procesos y permite que las personas se centren en aquello que realmente aporta valor.
Habéis vivido la informatización, Internet, el cloud, la movilidad y ahora la IA. ¿Cuál ha sido la revolución más profunda?
Cada una transformó una parte diferente de la empresa. Pero probablemente la inteligencia artificial sea la primera capaz de impactar simultáneamente en prácticamente todos los puestos de trabajo. Por eso creemos que estamos ante un cambio especialmente relevante. No porque sustituya a las personas, sino porque multiplica sus capacidades.
¿Qué parte del software empresarial ha cambiado más y cuál sigue siendo igual?
Ha cambiado la forma de consumir tecnología. Hoy todo es más rápido, más accesible y más conectado. Lo que no ha cambiado es la necesidad de tener información fiable para tomar buenas decisiones. Esa necesidad existía en 1986 y sigue existiendo en 2026.
¿Ha cambiado también el tipo de cliente?
Muchísimo. Hace años muchas empresas compraban tecnología porque tocaba. Hoy exigen resultados. Quieren entender el retorno, la integración y el impacto real en su negocio. Y eso es positivo porque obliga a todo el sector a aportar más valor.
¿Es más difícil competir hoy que hace veinte años?
Sí. Pero también existen más oportunidades. La barrera tecnológica para crear productos es más baja que nunca, pero la competencia es global. Por eso hoy no basta con tener una buena solución. Hay que aportar conocimiento, servicio, confianza y capacidad de ejecución.
La inteligencia artificial ha abierto una nueva carrera tecnológica. ¿Qué diferencia a las empresas que la están integrando bien?
Las que empiezan por el problema y no por la tecnología. Las organizaciones que obtienen resultados son las que identifican procesos concretos, miden impacto y construyen casos de uso reales. Las que simplemente incorporan IA por moda suelen quedarse en pruebas sin recorrido.
¿Qué peso tiene hoy el talento en la competitividad de una empresa tecnológica?
Absoluto. La tecnología evoluciona muy rápido, pero son las personas quienes la convierten en valor para los clientes. Por eso seguimos creyendo que el principal activo de una empresa no está en sus herramientas. Está en su equipo.
¿Qué significa ser competitivo hoy para una empresa española de software?
Significa combinar varias cosas. Producto, servicio, velocidad, capacidad de adaptación y conocimiento del cliente. La competitividad ya no depende de un único factor. Depende de la capacidad de generar valor de forma consistente.
¿Sigue habiendo espacio para empresas tecnológicas españolas con identidad propia frente a los gigantes globales?
Más que nunca. Los grandes fabricantes aportan plataformas extraordinarias. Pero las empresas siguen necesitando socios que entiendan su realidad, su sector y sus retos concretos. Ahí existe un enorme espacio para compañías con conocimiento, cercanía y capacidad de ejecución.
La Rioja no suele aparecer en el mapa nacional del software con la fuerza de otros territorios. ¿Es una desventaja o una oportunidad?
Para nosotros ha sido una oportunidad. Nos ha obligado a construir una propuesta de valor sólida, a ser más cercanos al cliente y a competir por lo que realmente importa. Nunca hemos intentado parecernos a nadie. Hemos intentado entender mejor que nadie a las empresas con las que trabajamos. Y probablemente esa sea una de las razones por las que, casi cuarenta años después, seguimos aquí mirando al futuro con la misma ilusión que al principio.


























